Los Molinos de Cheles

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Molino Manzanez

TRACCE no. 13 – by TRACCE editor


(de Cheles 2000 en imágenes)
Esto es un fragmento del libro en el que muestro las fotografías y describo los paisajes, monumentos, fauna y flora próximos a Cheles que van a desaparecer cuando se termine el embalse de Alqueva. En este fragmento están los molinos. es el capítulo más largo del libro
.

Jacinto Gil Sierra


13 – April 2001 special issue devoted to the Guadiana Rock Art


Una mención especial merecen los molinos que antiguamente producían harina a partir de trigo utilizando la energía hidráulica. El tramo de río comprendido entre la desembocadura de la Rivera de Alconchel y del río Friegamuñoz, que es más frecuentado por cheleros que por naturales de otros pueblos más lejanos, tiene 16 molinos; 5 son españoles y los otros 11 portugueses.

Los molinos son edificios muy sólidos construidos sobre el cauce con piedras y, a veces, ladrillos, conglomeradas con mortero a base de cal. El tejado a dos aguas está cubierto por una capa de mortero y carece de tejas. De planta rectangular o casi rectangular, están orientados con su lado mayor perpendicular a la corriente. Del lado situado aguas arriba suele salir una prolongación en forma de quilla que los defiende de las grandes crecidas haciendo que el agua se desvíe y no golpee de lleno contra la pared. Situados cerca de una u otra orilla, todavía son visibles los caminos por los que los carros cargados de trigo llegaban hasta ellos.

Todas las aberturas de las sólidas paredes son pequeñas para no debilitarlas. La puerta de entrada apenas tiene 80 ó 90 cm de anchura y la altura suficiente para que pase una persona de estatura media. Esta única puerta está en uno de los lados cortos, mirando hacia la orilla por donde se acercaban los carros. En la pared contraria hay una ventana del tamaño justo para permitir que por ella pase una persona aunque deba hacerlo agachada y de medio lado; esta salida y entrada del molino se facilita con piedras que sobresalen de la pared del lado exterior debajo de la ventana. En la pared aguas arriba no suele haber aberturas, y las que hay aguas abajo son tan estrechas que solo pueden penetrar por ellas un haz de rayos de luz. Por último, siempre hay una o varias pequeñas aberturas en la zona más alta del techo. Estos ventanucos servían para que por ellos escapase el aire interior cuando el nivel del agua en las crecidas, una vez taponadas las puertas y ventanas, seguía subiendo. De este modo se evitaba que quedase encerrada una bolsa de aire cuya presión podría dañar el tejado.

El techo es abovedado, con gruesos arcos que lo refuerzan. Entre los molinos de menor tamaño, algunos tienen el techo plano formado por largas lanchas de pizarra que se apoyan en las paredes o arcos interiores.

Bóveda de ladrillos del molinode la Encina del Reycon orificios para la salida del aire

Si el edificio de los molinos es singular y llamativo, no lo es menos el dispositivo de molienda.

El primer elemento que contribuye a utilizar la energía hidráulica en la molienda es el azud. El azud es un muro oblicuo a la corriente que comienza aguas arriba del molino en la orilla opuesta y acaba en la esquina que forman sus paredes por encima de la ventana posterior. Su misión es encauzar el agua hacia los canales abiertos bajo el piso del molino. La altura del azud es pequeña, apenas la necesaria para casi igualar a la del piso del molino y asegurar así el suministro de agua por debajo de él. Cerca del lugar donde el azud se une a la esquina del molino hay un aliviadero que podía cerrarse o abrirse con una compuerta según se necesitara o no agua para moler. Probablemente el servicio que daba la ventana posterior era permitir un acceso al aliviadero. Todos los azudes están en lugares donde la poca profundidad del agua o la presencia de rocas e islas facilitara su construcción. Como material se emplearon piedras o lanchas arrancadas de las rocas de las orillas y una argamasa pobre. En la actualidad, la rotura de los azudes en algunos tramos hace que el agua no llegue al nivel superior de los canales de entrada bajo el molino.

En la parte inferior del lado del molino situado aguas arriba se abre un canal por cada pareja de piedras de moler instaladas en su interior. La entrada del canal es de forma rectangular, más alta que ancha. Sendas ranuras verticales labradas en la piedra al comienzo del canal permitían deslizar por ellas una compuerta para cerrar o abrir el paso del agua hacia el interior del canal. Los canales se van estrechando tanto en altura como en anchura a medida que se adentran bajo el piso del molino. La velocidad del agua aumenta al reducirse la sección del canal y, poco antes de salir por el otro lado del molino, el canal se curva obligando al agua a describir un arco de circunferencia hasta encontrar la salida en el lado del molino situado aguas abajo.

Canal de entrada de agua bajo el piso del molino de La Moliñosa
Vista superior del canal de entrada de agua bajo el piso del molino de La Ceniza
Compuerta que regula la entrada de agua al mecanismo de molienda del molino de Seisiño

En el lugar donde el agua describe un movimiento curvilíneo a gran velocidad estaban situadas las aspas o álabes de un eje que giraban arrastradas por el agua. El eje se prolongaba hacia arriba hasta superar el piso del molino. En esa zona, ya dentro del edificio, están las piedras de moler a un nivel algo más alto que el suelo. Cada muela consta de dos piedras circulares de aproximadamente 1,30 m de diámetro y 30 cm de grosor. La piedra inferior se denomina molandera y la superior volandera. La piedra molandera está fija y tiene un estrecho orificio en su centro por donde la atraviesa el eje giratorio que sube desde los álabes. La piedra volandera tiene en su centro un agujero de mayor diámetro, y es obligada a girar por el eje, frotándose contra la molandera. El molinero vertía poco a poco los granos de trigo en ese agujero central de la piedra volandera. En su cara inferior, la que roza contra la molandera, hay unos canales radiales por los que se introducían los granos de trigo que caían en su centro, e iban siendo arrastrados en un movimiento en espiral hacia el borde exterior de ambas piedras. A medida que las zonas no estriadas de la piedra volandera se iban desgastando, era necesario desmontarla y picar las estrías dándoles más profundidad para que el trigo siempre se pudiera meter en ellas. De este modo, el molido era por frotación o cizalladura, que es el mejor método para que después fermente la harina al fabricar el pan.

Las piedras de moler más modernas que todavía se conservan en los molinos tienen un refuerzo metálico en su agujero central y una especie de anillos o cinchos metálicos en su canto.

En la segunda mitad del siglo XIX se produjo en España una sustitución de las piedras circulares de sílex por otras de origen francés; como luego veremos, ese avance también llegó a algunos de los molinos próximos a Cheles.

Aunque el mecanismo de molienda sea el mismo en todos los molinos, las peculiaridades de cada edificio y del paraje donde están enclavados merece que nos fijemos en cada uno de ellos.

El molino de Justo está situado a pocos pasos de la orilla española, unos metros aguas arriba de la desembocadura de la Rivera de Alconchel. En esa zona hay un amplio cascajal. La corta distancia entre el cascajal y la entrada al molino la franquea un puente de dos ojos cuya calzada está descarnada. Además del azud que llega desde la orilla portuguesa, hay otro tramo corto de azud desde la orilla española por encima del puente. Ambos azudes convergen hacia el molino, cada uno en una esquina. La pared del lado que mira aguas abajo no está toda ella en un plano, sino que el tercio final que más se adentra en el río forma un pequeño ángulo con el tramo anterior.

Molino de Justo visto desde la orilla
Fachada del lado aguas abajo del molino de Justo y su puente de acceso

Siguiendo río abajo, enseguida se oye el rumor del agua que se despeña por otro azud. Quien tenga la curiosidad de adentrarse en el bosquecillo de tarays y llegar hasta el borde del agua, verá que en la orilla española nace un azud que se adentra río abajo siguiendo una trayectoria muy oblicua respecto a la corriente. Ese tramo de azud llega hasta una isla y, en principio, parece que al final de él no hay molino. Poco más abajo y oculto tras la vegetación de varias islitas, está en la orilla portuguesa el molino de los Clérigos, hasta el cual llega un azud en posición muy oblicua que cubre el brazo de río situado entre la isla donde acababa el primer tramo y el molino. En el edificio ya se ha hundido una porción de techo a continuación de la puerta de entrada.

Fachadas aguas abajo y posterior del molino de Los Clérigos

A poca distancia se encuentra el molino de las Beatas, también en la orilla portuguesa. Este molino originalmente solo debió tener una muela, pero después se amplió y construyó otra. Esta suposición se basa en varios detalles. El refuerzo en forma de quilla situado aguas arriba solo llega hasta el primer canal de entrada, pero no protege el resto del molino. En su interior hay una pared intermedia entre la zona donde está la primera muela y la segunda, que lo divide en dos habitaciones con una puerta de comunicación entre ellas; la pared intermedia debía ser el muro final del molino cuando solo tenía una muela, y tras la ampliación se dejaría para no debilitar la sustentación del techo, limitándose a ensanchar la ventana hasta convertirla en puerta.

Molino de Las Beatas
(de derecha a izquierda, quilla protectora, canales de entrada de agua y ventana posterior)

Después de estos tres molinos relativamente próximos entre sí, hay que recorrer un buen trecho para encontrar el siguiente. El molino de Morgao o de Verjana está junto a la orilla española, a la altura de la finca La Balsa. Ante él se extiende una franja arenosa cubierta de una vegetación impenetrable en algunos lugares y con una generosa sombra para excursionistas en otros. Cuando finalmente se llega al molino, se descubre entre la orilla y la fachada del edificio un canal de un metro escaso de anchura por el que discurre el agua entre dos bajas paredes de piedra. Ese canal hacía de aliviadero, estando a su entrada las ranuras donde se introducía o no la compuerta que impedía que por él se escapara el agua cuando se deseaba moler. Quizás en él depositara el molinero nasas y otras trampas para atrapar peces. Como consecuencia, la ventana posterior del edificio es muy pequeña, no permitiendo el paso de una persona, pues no habría necesidad de colocar o retirar la compuerta en el azud que carecería de aliviadero.

Molino de Morgao medio oculto por la espesa vegetación de la orilla
Canal situado entre la orilla y la fachada del molino de Morgao

Siguiendo siempre el sentido de la corriente, se llega a la zona que tiene la mayor concentración de molinos. Frente a la finca La Coitada nos encontramos, primero, con dos molinos que aprovechan el mismo azud, uno en el centro del río y otro en la orilla portuguesa.

El molino de la Encina del Rey fue construido en pleno centro del río, su edificio es el de mayor tamaño y el que contiene más muelas, y en su fachada descarnada se alternan los colores gris de la piedra y rojo del ladrillo. Además, tiene una puerta en cada lado, una mirando hacia España y otra hacia Portugal. La explicación a todo esto es que se trata de un edificio internacional que comprende dos molinos adosados. El interior está dividido en cuatro habitaciones por varios muros intermedios. Entrando por la puerta que mira hacia la orilla española, encontramos una primera habitación con una muela. Después de un vano abierto en el muro intermedio de tamaño semejante a la puerta, hay otra habitación con una muela. Tras otro muro y su correspondiente puerta hay una tercera habitación con dos muelas. La siguiente pared intermedia no tiene puerta, sino un hueco semejante a las ventanas posteriores de los molinos y, tras ella, la última habitación con una muela. Parece, por tanto, que cuatro muelas pertenecían al molino español y una al portugués. No hay de vías terrestres por donde se pudiera transportar el trigo y la harina entre las orillas y el molino, por lo que el transporte se hacía llevando a hombros los sacos de poco peso por debajo del azud o en barco por la zona donde el agua está retenida encima del azud.

Detrás de este molino está el de Seisiño, junto a la orilla portuguesa. También se debió construir en dos fases; la primera, con la clásica forma rectangular, arranca de la misma orilla y tiene una sólida pared protectora en forma de quilla en la zona aguas arriba. Después se le añadió otra muela y para ello se prolongó una habitación que tiene una curiosa forma casi circular. Este molino y el de Gloria, del cual se hablará a continuación, fueron los últimos que estuvieron en funcionamiento; en ellos se molió trigo hasta la década de 1970.

Molino de la Encina del Rey reflejado sobre el agua retenida por su azud<
Molino de Seisiño. Quilla protectora y recinto cilíndrico añadido posteriormente
Molino de Seisiño visto desde aguas abajo de su azud
Interior de la zona ampliada en el molino de Seisiño

También frente a la finca La Coitada hay otros dos molinos que comparten el mismo azud, el de Gloria y el del Bola.

El molino de Gloria parte de la orilla portuguesa, en el lugar donde empieza el azud. Se asienta sobre unas rocas que hay en el lecho del río, junto a la orilla. Además de ser uno de los últimos en seguir prestando servicio, también debió ser el último que se construyó en toda esta zona del río. Esta apreciación se basa en el buen estado de conservación del edificio y su amplitud, que tiene espacio sobrado aunque solo alberga dos muelas. Las muelas no están situadas junto a la pared del lado aguas abajo como ocurre en todos los demás, sino en el centro de la sala. En el anillo metálico que protege el agujero central de una de las piedras volanderas aún puede leerse la siguiente inscripción:

ANTONIO RIVIÈRE

LA FERTE sous JOUARRE

MADRID

lo que demuestra que hasta aquí llegó la sustitución de las antiguas piedras de sílex por las de origen francés de este fabricante afincado en Madrid. Además, el azud debe ser anterior al molino, pues empieza a su altura y se dirige oblicuo a la corriente hacia el siguiente molino, el cual está unos metros aguas abajo en la orilla española. El molino de Gloria aprovechó, por tanto, un azud ya existente y por eso está construido en su inicio y no en su final como es tradicional.

Otra curiosidad de este molino es la existencia de una torre cilíndrica próxima a él que se eleva unos dos metros por encima del nivel del agua en el estiaje. Esta torre está a unos 20 metros aguas abajo del azud, y en línea recta a continuación de su aliviadero. Servía para instalar un entramado de vigas y ramas entre ella y el aliviadero. A este entramado se le llamaba “la pesquera”. Cuando el aliviadero estaba abierto, toda la corriente se precipitaba por él y los peces que arrastraba no podían pasar entre las ramas. Cerrando la compuerta, era fácil atraparlos.

Molino de Gloria y otros elementos arquitectónicos en el cauce junto a él
Molino de Gloria visto desde el río, aguas abajo de su azud
Interior del molino de Gloria visto desde la entrada

Al otro extremo del azud, junto a la orilla española, está el molino del Bola o de Botas. El límite entre las paredes verticales y el tejado está achaflanado en todo el perímetro, lo que da al edificio un perfil más redondeado para resistir el empuje del agua en las crecidas. Todavía es visible en el barranco que en ese lugar limita el cauce del río el camino de fuerte pendiente que llega frente al molino. Es fácil imaginar el esfuerzo que tenían que hacer las mulas o bueyes para subir los carros cargados de harina. La fachada del molino dista unos metros de la orilla, y esa distancia se salvaba con un dique actualmente roto. En el interior había tres muelas bajo las que todavía pasa el agua.

Molino del Bola visto desde la orilla español

El siguiente molino está en la orilla portuguesa, a la altura del comienzo de la isla de La Ceniza. Su azud sale de la orilla española, llega hasta la isla y continúa un último tramo desde la isla hasta el molino. Antiguamente, ese azud debía desviar la mayor parte del escaso caudal de los estiajes hacia el molino, haciendo que el brazo de río comprendido entre la orilla española y la isla estuviera casi seco. Actualmente, es mayor el caudal que circula por el brazo situado del lado de España que del lado portugués de la isla. Curiosamente, la zona favorita de los cheleros para bañarse en verano es bajo ese azud. A pesar de ello, el molino es poco conocido para los bañistas que no se aventuren a cruzar el río, porque la anchura del cauce y la vegetación de la isla impiden que sea visible desde la orilla española.

Igual que ocurre en el molino de Gloria, pocos metros por debajo del molino de La Ceniza hay una torre que servía para instalar “la pesquera” entre el aliviadero del azud y ella. Esta torre tiene la particularidad de ser escalonada, lo cual facilita el acceso a su cima.

Molino de La Ceniza y su torre escalonada
Fachada del molino de La Ceniza junto a la orilla portuguesa

Aguas abajo del extremo final de la isla de La Ceniza, frente al comienzo de la finca Las Cuevas, hay dos molinos portugueses conocidos como los molinos nuevos. En ese lugar el río tiene innumerables islitas de tamaño variado muy próximas entre sí. Una vez que se cruza el canal que baña la orilla española, se puede pasar con facilidad de una a otra. A media ladera del barranco que bordea el cauce en el lado español hay un acebuche de gran tamaño desde cuya sombra se divisa este paisaje precioso.

El primero de los molinos nuevos es el molino Novo de Fora. Se eleva en el centro del cauce. La prolongación en forma de quilla que lo protege de las corrientes fuertes solo llega hasta media altura de la pared del molino, por lo que esa protección constituye una azotea triangular situada en su lateral. En el interior hay 4 muelas, por lo que es el segundo molino en tamaño, solo superado por el de la Encina del Rey. Desde la orilla portuguesa llega un camino que se apoya en las islas y pasa de una a otra por algunos puentes. Como el pueblo de Montes Juntos está muy próximo, son muchos los portugueses que pasan un agradable día en el molino mientras pescan o se bañan. Su interior destaca por la limpieza del suelo y las pintadas de sus paredes que dejan los periódicos visitantes.

Molino Novo de Fora rodeado de islas<
Fachadas aguas abajo y trasera del molino Novo de Fora
Interior del molino Novo de Fora

Apenas 300 metros río abajo, y medio oculto por la vegetación de la isla de mayor tamaño que hay en ese lugar, está el segundo de los molinos nuevos, cuyo nombre es molino de Dentro. De pequeño tamaño, presenta una forma exterior casi cilíndrica. Su puerta también mira hacia la orilla portuguesa; sin embargo, en sus traseras hay un curioso puente de dos ojos. El puente salva un canal que sale del laberinto de islas para confluir con el brazo de río que pasa junto a España. La vegetación y la desaparición de los posibles restos impiden saber desde dónde procedían los carros que cruzaban ese puente para llegar hasta el molino.

Molino de Dentro y caída de agua en su azud
Puente de dos ojos en las traseras del molino de Dentro

En el punto donde el río se despide de Las Cuevas y comienza a bordear la finca Galacho se ubica el molino de La Moliñosa. La Moliñosa es una amplia franja de terreno rocoso que queda sumergida en las grandes crecidas, pero habitualmente está emergida y unida a Portugal de modo firme. Hay quien la llama isla, aunque la mayor parte del año no lo es. La corriente se estrecha y apretuja contra el barranco de la orilla española. Junto al borde de la isla está el molino, con la puerta mirando hacia Portugal de donde llega un camino abierto entre las rocas. Dada la estrechez del río, el azud es el más corto de todos. Azud y molino están hechos con lajas de piedra oscura arrancadas de las rocas de la isla.

Azud y molino de La Moliñosa vistos desde la orilla española

Continuando su marcha, el río se ciñe en torno al cerro Miguel, y comienza a describir una S de gran tamaño. Primero cambia de la dirección Norte-Sur a la Suroeste-Noreste en torno al cerro Miguel, para después volver a la Norte-Sur. Esta zona es la que se conoce como La Vuelta. Dentro de ese amplio arco hay tres molinos, uno en la primera curva de la S, otro en su tramo medio donde el cauce es casi recto, y el tercero junto a la curva final.

En el primer arco de la doble curva está el molino del Cerro Miguel, en la orilla portuguesa. Su azud es el que se mantiene en mejor estado, porque ha sido restaurado. Actualmente está protegido con una capa de cemento para que haga de dique y retenga el agua que se bombea a un regadío próximo. La vegetación que crece dentro del cauce aguas abajo del azud no deja ver el molino desde la orilla española. El edificio es relativamente estrecho porque la pared situada aguas arriba está retrasada respecto a la boca de entrada a los canales que se dirigen a los mecanismos de molienda. Un pasillo y contiguo a la pared pasa sobre la entrada a los canales y desde él se podía bajar o subir la compuerta que regulaba la entrada de agua a cada uno. En las paredes se observa una mayor proporción de adobe o mortero que en los demás molinos. El techo no es abovedado, sino plano, sostenido por largas lanchas de pizarra que se apoyan en las paredes laterales.

Molino del Cerro Miguel

El molino de La Vuelta está casi a medio camino entre las dos curvas del río, también en la orilla portuguesa. Junto a la puerta, ya sobre tierra firme, tiene una especie de habitación adosada con una amplia abertura rematada en arco. Detrás del molino, inmediatamente debajo del azud, permanecen los restos de una construcción conocida como “la pesquera”. Está formada por dos paredes de piedras paralelas, muy próximas entre sí, situadas en la dirección de la corriente. Las paredes parten del azud, en el punto donde estaba el aliviadero, y antiguamente había una rejilla en su otro extremo. Servía para atrapar a los peces grandes que, arrastrados por el agua, no podían cruzar la rejilla ni remontar la fuerte corriente. Un viejo taray creció sobre una de las paredes y sus ramas están dirigidas río abajo probablemente empujadas por la corriente durante las crecidas. En el tramo donde está roto el azud quedan las rocas sobre las que se asentaba, y por ellas se despeña el agua en una vistosa caída de más de un metro de altura.

Molino de La Vuelta
La “pesquera” junto al molino de La Vuelta
Rocas, restos del azud y saltos de agua junto al molino de La Vuelta

A la salida de la doble curva, donde el río comienza a bordear la finca Don Juan, está el molino de Canete o de Manzánez. La margen española de esa zona abunda en afloraciones rocosas y tiene escasa vegetación. Desde el borde del barranco, donde están los restos de la antigua vivienda del molinero, el molino aparece como una roca más que emerge del agua. Antiguamente algunas mujeres de Cheles acostumbraban a lavar la ropa en ese lugar, a pesar de quedar un poco lejos; quizás la profusión de rocas sobre las que extender la ropa a solear y secar las decidiera a ir hasta allá. El molino se asienta sobre un canal que bordea la orilla española, pocos metros antes de que se una de nuevo al principal. El tramo final del camino que llega hasta la puerta hace también de dique, en tanto que el extremo trasero del molino se apoya en la isla que queda entre este canal y el de mayor caudal. Por tanto, toda el agua que circula por ese canal debe pasar obligatoriamente bajo las muelas. El azud construido poco más arriba entre la isla y la orilla portuguesa está roto; en estas condiciones es muy poca el agua que se encauza hacia el molino, de modo que en los estiajes ese agua está casi estancada. Un estrecho pasillo adosado al exterior de la fachada del lado aguas arriba permite ir hasta la isla situada tras el molino y seguir por ella hacia el azud; por tanto, no es necesario salir del molino por la ventana posterior. La ventana situada en la pared del fondo de este molino es pequeña y no permite el paso de una persona. Una de las piedras utilizadas en la construcción del molino, situada en su interior sobre la entrada del canal de la primera muela, es de mármol, con aspecto de lápida y tiene grabada una inscripción latina.

Molino de Manzánez con una isla a su espalda
Fachada aguas abajo del molino de Manzánez

El último molino del Guadiana que vamos a considerar aquí es el de Escobedo. Está en la orilla española, unos 400 metros aguas abajo de la desembocadura del río Friegamuñoz, donde el Guadiana ha empezado a bordear la finca llamada Campos de Villanueva. Montado sobre una roca que se adentra en el río, tiene una quilla protectora tan alta como sus paredes situada entre las dos bocas de entrada hacia las muelas. El azud roto ya no fuerza al agua contra el molino, habiéndose sedimentado arena en el remanso formado ante él. La roca abraza la fachada de forma espectacular y permite imaginar lo que hubo que desmontar para dejar sitio al molino. Su techo está sostenido por dos arcos mucho más anchos que altos; tienen la particularidad de ser convergentes, estando sus pilares junto a la pared aguas abajo más próximos entre sí que los de aguas arriba.

Molino de Escobedo. Quilla protectora entre las dos entradas de agua
Fachada del molino de Escobedo con la ventana posterior en línea con la puerta

Más allá se sabe que hay otro molino, el del Porra, donde en tiempos también se molió trigo de Cheles. Después el río se adentra en Portugal, y sus noticias se difuminan como la neblina de algunas mañanas de invierno a medida que se aleja.

Jacinto Gil Sierra
Profesor de Universidad
Esc. T. S. Ing. Agrónomos. Madrid

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